Idos; dejadme solo

Idos

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La soledad de idos no es únicamente deseada, también es una realidad. Y esto mismo debió pensar Benito Pérez Galdós cuando humanizó al lastimoso imperativo con la frase de El abuelo que titula este artículo. No hemos podido resistirnos. Pobre idos.

Pero qué caro te vendes, idos. La obstinación no es nuestro fuerte. Tenemos que reconocer que «iros» ha ganado una batalla que bien podría haber formado parte de un episodio nacional.

Pocos han sido los que no han caído rendidos a lo prohibido. No obstante, haberlos haylos. Pérez Galdós, por ejemplo. Así, al azar. Total, el señor del bigote que salía en el billete de mil pesetas solo ha sido uno de los escritores españoles más grandes de todos los tiempos.

Quizá fue por su prodigiosa memoria, pero el creador de la novela contemporánea, gran revolucionario de la prosa del siglo XIX y académico de la RAE, usaba idos.

«Así como de la noche sale el claro del día, de la opresión nace la libertad». Y el hablante manda. No somos «Doña Perfecta», así que optamos por el diálogo —que no por el teatro— como hizo Pérez Galdós con El abuelo. Entramos cual Venancio, respirando fuerte y limpiándonos el sudor de la cabeza, para analizar el origen de idos, el porqué de que nos suene a «bacalado» y el consecuente uso de «iros».

Lo cierto es que hay resbalones gramaticales de los que no se libran ni los faraones. Lo que Lola Flores gritó en la boda de su hija fue «Si me queréis, irse», aunque lo correcto hubiera sido decir «Si me queréis, idos». ¿O también sería correcto «Si me queréis, iros»? Quédate, te sacamos de dudas.

La de San Quintín

La RAE da un respiro a divinos y mortales y considera válido el uso de la variante «iros» como forma irregular de imperativo del verbo ir. Eso sí, puntualiza que «la forma más recomendable en la lengua culta para la 2.a persona del plural del imperativo de irse sigue siendo hoy idos. No obstante, dada la extensión de la variante iros incluso entre hablantes cultos, se puede considerar válido su uso».

Que iba a compartir espacio con «iros», eso ya lo sabía idos. Otra cosa es que la Academia recoja en un futuro próximo que la segunda persona del plural del verbo ir, con pronombre, se exprese también con la forma «iros». Esto ha traído consigo una nueva polémica y una nueva excepción.

Las formas de imperativo de la segunda persona del plural pierden la d final cuando se añade el pronombre os. En el caso del verbo marchar(se), el imperativo singular sería marchad y el plural, marchaos.

Bajo esa norma, el imperativo singular del verbo ir(se) sería id y el plural, íos. Como indica la Nueva gramática de la lengua española, el escaso cuerpo fónico de íos explica que se haya mantenido la d para dar lugar a la forma idos.

La incógnita

¿Por qué la forma correcta es idos? No hay felicidad que no tenga un «pero». Esta forma coincide con el participio idos y con el adjetivo idos que significa ‘trastornados’. Para evitar esta homonimia, optamos por usar «iros».

Hay otro gran culpable del imperativo de la discordia: el rotacismo. Transformamos en r un fonema que no lo es, en este caso d. Insertamos la r también en otros imperativos, no aceptados, como son el caso de «marcharos», en lugar de marchaos, o «callaros», en lugar de callaos.

La posible aceptabilidad de «iros» no se extiende al imperativo con r de otros verbos. Pero hay que reconocer que la RAE recoge cómo hablamos y el uso de «iros» está clarinete.


No debemos confundir la forma imperativa «iros» con la combinación del infinitivo y el pronombre os, que también es iros. Por ejemplo, en las «perífrasis de infinitivo», donde a un verbo auxiliar —como poder, tener seguido de que, deber, etc.— le sigue un infinitivo, es correcta la forma iros, incluso cuando el sentido sea exhortativo:

«No tenéis que iros ahora mismo».

El uso habitual del infinitivo como imperativo también tiene algo que ver: a correr, a dormir, a callar.

La teoría

Cambia el verbo si el imperativo de ir(se) te resulta, digámoslo así, pedante. Utiliza «marchaos; dejadme solo», pero nunca «marcharos».

Precisamente, formar el imperativo con infinitivo es uno de los errores gramaticales más frecuentes. Anota que hay excepciones en las que sí puedes usar infinitivo.

Imperativo

Se usa al dar una orden a una segunda persona, del singular o del plural:

«Si me queréis, idos».


No es correcto el uso del infinitivo en lugar del imperativo para dirigir una orden a una segunda persona del plural:

«Si me queréis, irse».

Infinitivo

Puedes usarlo con valor de imperativo cuando la orden va dirigida a una segunda persona del singular o del plural y aparece precedida de la preposición a o en indicaciones, advertencias, recomendaciones, prohibiciones o avisos dirigidos a un público en general:

«Chicos, a callar».

«¡Decirme eso en mi cara!».

Fuentes: «Nueva gramática de la lengua española». RAE, «Ortografía de la lengua española». RAE, «Diccionario panhispánico de dudas». RAE, «Diccionario de la lengua española». RAE, Fundéu, Wikipedia

Un artículo de

Ana Cala

«Periodista en particular y aprendiz en general.
El periodismo es una maravillosa escuela de vida, ya lo decía Carpentier».

No sé qué decirle, señora

Laísmo

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En realidad, Eduardo Mendoza escribe «No qué decirla, señora». Esta cita es un reflejo intencionado del escritor sobre laísmo en el habla coloquial. Galardonado con el Premio Cervantes, Mendoza es un maestro de la ironía y del lenguaje popular.

El autor sintetiza en esta frase, además del maravilloso uso de la coma en vocativos, la respuesta a alguna pregunta sobre leísmo, laísmo o loísmo. No es fácil distinguirlos, pero explicarte cómo hacerlo de una forma breve y sencilla es casi una utopía.

No nos llames ilusos. Vamos a intentarlo. Y lo hacemos con Eduardo Mendoza que aconseja conocer la técnica y leer, sobre todo, los clásicos. Reconoce ser más lector que escritor y que «lo que leemos va directamente a nuestras emociones». Quizá el autor aún conserva el espíritu aventurero de las novelas de Verne y por ello afirma que empieza una novela «como quien hace un viaje, sé dónde voy a ir, pero no sé lo que voy a hacer cada día».

Mendoza también destaca la necesidad de estar documentado. La historia de Riña de gatos, novela a la que pertenece la cita que nos ha servido para titular este artículo, tiene lugar en Madrid justo antes de la guerra civil española. El escritor asegura haber leído periódicos, libros e incluso las revistas de moda de la época.

Resumimos la teoría. Lo(s), también le cuando el referente es persona masculino singular, y la(s) funcionan como complemento directo y le(s), o se ante otro pronombre átono, funciona como complemento directo.

Simple, ¿verdad? Entonces, ¿a qué viene tanta confusión? Las excepciones, ahí están los problemas. En el artículo que dedicamos al leísmo, «Y lo venzo», encontrarás las más habituales.

Te recomendamos consultar las entradas de los verbos en los diccionarios para decidir. Mientras tanto, te recordamos algunos trucos para identificar los complementos directos e indirectos.

Laísmo

Uso impropio de la(s) en función de complemento indirecto femenino, en lugar de le(s):

«No sé qué decirla decirle, señora».

Truco : pasiva. Si pasas a pasiva y el complemento funciona como sujeto, debes usar la(s) o lo(s). Suele funcionar, aunque hay verbos con los que resulta forzado como tener:

«Anthony escribió una carta a Catherine». La carta fue escrita por Anthony. «Anthony la escribió».

Truco : se. Cuando hay dos complementos, el sustituido por se es el indirecto:

«Leí un mensaje a Catherine». Se lo (la) leí.

Truco : lo + participio del verbo. Si usas este truco, hallarás el complemento directo:

«Busqué a Anthony». Lo buscado es Anthony. El complemento directo es Anthony.

«He escrito a Catherine». Lo escrito es algo que no conocemos y es el complemento directo, así que el indirecto es Catherine.

Fuentes: «Nueva gramática de la lengua española». RAE, «Ortografía de la lengua española». RAE, «Diccionario panhispánico de dudas». RAE, «Diccionario de la lengua española». RAE, Fundéu

Un artículo de

Ana Cala

«Periodista en particular y aprendiz en general.
El periodismo es una maravillosa escuela de vida, ya lo decía Carpentier».

Quiero un jersey a rayas

Raya, ralla

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Cantar Venezia de Hombres G ya no es un error, al menos gramatical. Puedes comprarte un jersey a rayas o de rayas porque ambas fórmulas están admitidas por las Academias de la Lengua. Estas construcciones aun las leemos en obras de Baroja, Galdós o Pardo Bazán. Un problema menos.

Ahora bien, ¿lo que te cuesta es elegir entre raya o ralla? Hacemos que tu duda sea fugaz como un rayo. Y lo logramos con un consejo: ralla no existe como sustantivo. Conjuga el verbo rallar únicamente cuando quieras desmenuzar algo con un rallador o, coloquialmente, molestar. Si te trastornas, te vuelves loco, te enojas o te hartas, usa rayar.

No eres el único que vacilas, hay quien también advierte sobre el riesgo que supone la pluralidad de significados. «Algo que yo he visto me ha hecho pensar en el peligro de que dos cosas distintas tengan el mismo nombre». El maestro uruguayo del cuento, Horacio Quiroga, usó la polisemia de la palabra raya para titular una de las narraciones incluida en su libro Anaconda.

«Las rayas», así se titula el cuento, trata sobre dos empleados que terminan desquiciaos y rayando todo lo que se les pone por delante, con énfasis estético, crítica social y metamorfosis kafkiana de por medio.

Prepara las maletas. Nos vamos a Venecia con cuento y con jersey de rayas. Recuerda que, si echas varios, son jerséis. Ni «jerséi» ni «jerseys» ni «jerseises». Los sustantivos y adjetivos tomados de otra lenguas hacen su plural con -s. También existen las adaptaciones yérsey, yerseis, yersi y yersis. Allá tú con tu pronunciación.

Ralla

Tercera persona del singular de presente de indicativo o segunda persona del singular de imperativo del verbo rallar. Se usa como ‘desmenuzar’, ‘raer’, ‘molestar’ y ‘hablar descaradamente’.
Truco : no existe como sustantivo:

«Ralla el queso porque ya está lista la pasta».

Raya

Conjugaciones del distintas personas del singular de presente de subjuntivo y de imperativo de los verbos raer y rayar. Usa el verbo raer como ‘raspar algo con un instrumento áspero o cortante’ o ‘eliminar algo de un sitio’ y el verbo rayar como ‘tachar’, ‘trastornar’, ‘amanecer’ o ‘asemejarse a una cosa’, entre otros:

«Raya Venecia de la lista de sitios por conocer».


Rayá. Recuerda que también se escribe con tilde cuando se refiere a la forma pronominal vos de imperativo del verbo rayar.
Definición de palabra

«Fíjate en dónde has dibujado la raya».

Hay también expresiones o locuciones compuestas por raya.

Echar raya. ‘Competir’.

Pasarse de la raya. ‘Propasarse o excederse en cualquier línea’.

Tener o poner a raya. ‘Dentro de los justos límites’.

Hacer raya. ‘Aventajarse, esmerarse o sobresalir en algo’.

Fuentes: «Nueva gramática de la lengua española». RAE y Asociación de Academias de la Lengua Española, «Ortografía de la lengua española». RAE, «Diccionario panhispánico de dudas». RAE, «Diccionario de la lengua española». RAE, Fundéu

Un artículo de

Ana Cala

«Periodista en particular y aprendiz en general.
El periodismo es una maravillosa escuela de vida, ya lo decía Carpentier».

Y lo venzo

Leísmo

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Es osado vencer al leísmo, pero nos hemos propuesto combatirlo cubiertos de rodela y con lanza en ristre. En medio del tumulto, venceremos al desaforado gigante de largos brazos, lo venceremos sin mofas y sin inanes intentos de curación.

¿Una quimera o una locura? «Si yo, por mis malos pecados, o por mi buena suerte, me encuentro por ahí con algún gigante, (…) le venzo y le rindo». Y tan a gusto.

No es «le venzo», es «lo venzo». Pero a diferencia de lo que ocurre con el laísmo y el loísmo, hay un leísmo, este es el caso, actualmente aceptado por la RAE y que fue aun la forma recomendada hasta la cuarta edición de su Gramática en 1996. El que se refiere a la persona en masculino singular y también usaban Azorín, Quevedo, Galdós, Lope de Vega, Juan Ramón Jiménez y —tupido velo— algún contemporáneo .

Herido en batalla, prisionero de corsarios berberiscos e influencia de Galdós, Borges, Balzac, Kundera o Joyce. Nuestra lengua es la suya, la de Cervantes. ¿A dónde queremos llegar? ¿Solo se nos ocurre juzgarlo a trochemoche por su leísmo?

Pues no. ¿Por quiénes nos has tomado? Que Cervantes use el pronombre le indistintamente con el verbo desatar, no quiere decir que olvide la complejidad en la construcción lingüística. El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha es la última y más sublime palabra del pensamiento humano y nos atreveríamos a decir que leyendo a Cervantes nos parece comprenderlo todo. Suscribimos las palabras que Dostoiewski y Machado dedican respectivamente a la novela.

Entramos de rondón en la complejidad del leísmo. Le(s) funciona como complemento indirecto, la(s) y lo(s) funcionan como complemento directo. Simple, ¿verdad? Entonces, ¿a qué viene tanta confusión? Las excepciones, ahí están los problemas.

Te recomendamos consultar las acepciones de los verbos en cuestión para decidir el uso correcto de le(s), lo(s) y la(s). Mientras tanto, te damos los arrimos para no caer en errores.

Leísmo

Uso impropio de le(s) en función de complemento directo (acusativo), en lugar de lo(s) y la(s):

«Ellas estaban con Dulcinea y las (les) recogí allí mismo».

Leísmo aceptado. Se admite su uso en complemento directo cuando el referente es una persona de sexo masculino y singular. Aunque se aconseja lo:

«A Sancho le (lo) vi al lado de Dulcinea».

Truco : pasiva. Si pasas a pasiva y el complemento funciona como sujeto, debes usar la(s) o lo(s). Suele funcionar, aunque hay verbos con los que resulta forzado como tener:

«Quijote vio a Dulcinea en el campo». Dulcinea fue vista por Quijote. «Quijote la vio».

Truco : se. Cuando hay dos complementos, el sustituido por se es el indirecto:

«Leí un libro a Dulcinea». Se lo (la) leí.

Truco : lo + participio del verbo. Si usas este truco, hallarás el complemento directo:

«Busqué a Sancho». Lo buscado es Sancho. El complemento directo es Sancho.

«He escrito a Dulcinea». Lo escrito es algo que no conocemos y es el complemento directo, así que el indirecto es Dulcinea.

Algunas excepciones que admiten el uso de le o les. En muchos casos, el complemento lleva la letra a.

Leísmo de cortesía. Si el complemento directo es un interlocutor al que se trata de usted:

«Le saludo atentamente».

Verbos de afección. Si el sujeto es inanimado, una oración o animado que realiza la acción involuntariamente. Son los casos de verbos como aburrir, afectar, asustar, convencer, divertir, impresionar, molestar, ofender, perjudicar o preocupar:

«Su padre, que se había disfrazado, le/lo asustó».

Oraciones impersonales (sin sujeto) con se y verbos intransitivos (no admiten complemento directo). Son los casos de verbos como sonreír, jugar, nadar o huir:

«María le/la sonrió y Ana le/la estornudó».

Alternancia de régimen. Verbos que pueden ser combinados con complemento directo o indirecto indistintamente. Casos como ayudar, avisar, llamar (con complemento predicativo), obedecer o seguir:

«Les/los avisaron con tiempo».

Verbos de percepción + infinitivo. Casos como ver y oír:

«Le/lo oí gritar como un loco».

Verbos de influencia. Se usa le o lo para el masculino singular. Los verbos como animar, autorizar, ordenar, obligar, permitir, mandar o convencer:

«Le/lo animó a bailar».

Verbos como ver, fotografiar, retratar, tocar o limpiar se emplea le si, además, aludimos a una parte de su cuerpo (o algo que posee) en función de complemento directo:

«Le tocó en la mano».


Verbos como acompañar, acusar, besar, buscar, decir, engañar, llevar u olvidar también usan le para el masculino singular del complemento directo. Recuerda buscar en un diccionario otras posibles excepciones y alternancias.

Fuentes: «Nueva gramática de la lengua española». RAE y Asociación de Academias de la Lengua Española, «Ortografía de la lengua española». RAE, «Diccionario panhispánico de dudas». RAE, «Diccionario de la lengua española». RAE, Fundéu

Un artículo de

Ana Cala

«Periodista en particular y aprendiz en general.
El periodismo es una maravillosa escuela de vida, ya lo decía Carpentier».

La diccionarista

Diccionarista

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(más…)

Fuentes: Documental sobre María Moliner. Dirección General de Cultura del Gobierno de Aragón, «María Moliner. Tendiendo palabras». Vicky Calavia, «El sillón vacío de la Academia». Víctor Pardo Lancina. Trébede, «Diccionario de uso del español». María Moliner, «Ortografía de la lengua española». RAE, «Diccionario panhispánico de dudas». RAE, «Diccionario de la lengua española». RAE, «La mujer que escribió un diccionario». Gabriel García Márquez

Un artículo de

Ana Cala

«Periodista en particular y aprendiz en general.
El periodismo es una maravillosa escuela de vida, ya lo decía Carpentier».

Soy un truhan, soy un guion

Guion

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«Si tengo que olvidarlas, bebo y olvido». ¡Ay, las tildes! A ellas se refería Julio Iglesias, que ya predijo el revuelo que se avecinaba. Allá por 2010, la Ortografía retoma una norma que se recogía en las ediciones del Diccionario académico hasta 1869. El sustantivo guion se escribe sin tilde.

Todo cambió desde la edición de 1884. Según Fundéu, fue a partir de entonces cuando la palabra guion comenzó a tildarse regularmente. La ortografía es así, a veces cuerda y a veces loca.

En medio del tumulto, la vida sigue igual y la tilde, igual que en la primera mitad del siglo XIX. La última edición de la Ortografía académica unifica criterio y recoge como obligatorio escribir sin tilde palabras como guion o truhan que pasan a ser diptongos, en lugar de hiatos como anteriormente se consideraban en países como España.

Hay palabras, como guion, que en zonas de Hispanoamérica son diptongos, por lo que son monosílabas y deben escribirse sin tilde; y en España son hiatos, por lo que son bisílabas y se tildan por ser agudas acabadas en -n.

Nos dieron las diez escribiendo el artículo sobre diptongos y triptongos que puedes volver a leer. O si eres de los que confundes la realidad y el deseo, puedes consultar el artículo sobre hiatos. También escribimos sobre el caso del adverbio solo y su ambigüedad.

En definitiva, la RAE aumenta el número de monosílabos. Nos van las cosas que son sencillas de comprender. Después de la ficha técnica de guion, te facilitamos una lista de formas verbales, sustantivos y pronombres propios a los que también afecta esta norma.

Guion

Sustantivo. ‘Escrito que sirve de guía’ y ‘signo ortográfico’. Se escribe sin tilde por ser monosílabo. Vocal cerrada átona y vocal abierta tónica se considera diptongo:

«¿Ya se entregó el premio al mejor guion original en los Óscar?».


Recuerda que puede llevar tilde si tiene acento en la vocal cerrada:

«Cría cuervos y yo los guío».

Otras palabras que no llevan acento gráfico:

Crie, crio, criais, crieis y las de voseo (tratamiento de vos) creas, cria (de criar).

Fie, fio, fiais, fieis y las de voseo fias, fia (de fiar).

Flui, fluis (de fluir).

Frio, friais (de freír).

Frui, fruis (de fruir).

Guie, guio, guiais, guieis y las de voseo guias, guia (de guiar).

Hui, huis (de huir).

Lie, lio, liais, lieis y las de voseo lias, lia (de liar).

Pie, pio, piais, pieis y las de voseo pias, pia (de piar).

Rio, riais (de reír).

Ion, muon, pion, prion, ruan y truhan.

Ruan y Sion.

Fuentes: «Ortografía de la lengua española». RAE, «Diccionario panhispánico de dudas». RAE, «Diccionario de la lengua española». RAE, Fundéu

Un artículo de

Ana Cala

«Periodista en particular y aprendiz en general.
El periodismo es una maravillosa escuela de vida, ya lo decía Carpentier».

La importancia de ser Óscar

Premios Óscar

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«Dadme las cosas superfluas, que cualquiera puede tener las necesarias». Con la ironía de su homónimo Wilde como telón de fondo, os damos las claves para escribir sobre los Premios Óscar.

Hacemos un inciso. La importancia de llamarse Ernesto es una de las traducciones más conocidas del libro de Oscar Wilde. Cambiamos el verbo en nuestro título porque en español se pierde el doble sentido. En inglés, Ernest y earnest (serio) son palabras homófonas, es decir, suenan igual. Lo importante no es llamarse, es ser.

Rendimos nuestro pequeño homenaje al escritor irlandés, ya que los Óscar no lo hacen. El origen del nombre de estos Premios es tan profundo como coherente, y quizá nadie esté en lo cierto. Las versiones varían desde que la estatuilla se parecía al primo de una secretaria ejecutiva o a un rey, hasta que fue en honor del primer esposo de Bette Davis. Todos llamados Óscar, eso .

Desde la celebración de la primera gala en 1929, se han sucedido las anécdotas y se podrían crear nuevas categorías de premios, siempre escribiéndolas en minúsculas y pasando del comparativo a la cantidad.

Al más ovacionado para Charles Chaplin, que recibió el primer Óscar honorífico tras veinte años de exilio; al más ocupado para Woody Allen, que tocaba el clarinete en un club y, mientras, en la gala pronunciaban su nombre como premiado al mejor director; al más duradero para Prince, que recibió el Óscar a la mejor adaptación hace más de treinta años por Purple Rain y, aunque la categoría sigue existiendo, no se ha vuelto a entregar; y al más místico para Fernando Trueba, que dijo no creer en Dios y sí en Billy Wilder. Este lo llamó después para saludarlo con la frase «hola, Fernando, soy Dios».

Mejor recordar las galas por estas categorías infinitas que por faltas de ortografía. Así que busca siempre sustituciones en español a los extranjerismos. No estás solo y es mucho más fácil elegir entre bastidores, famoso o glamur, que backstage, celebrity o glamour.

Aun si vas más allá de la alfombra roja, no te quedes con red carpet. Usa adaptación, biografía, cine independiente, detrás de cámaras, éxito de taquilla, guion, híbrido, película de suspense (de suspenso en América) o estreno, antes que remake, biopic, indie, making of, blockbuster, script, crossover, thriller o première.

Todo no van a ser restricciones. Puedes utilizar wéstern y tráiler, ambas con tilde hasta en sus plurales wésterns y tráileres. Y si eres de los que no te gusta el destripe, escribe spoiler u otros extranjerismos en cursiva o, en su defecto, entrecomilladas. Haz lo mismo con los títulos de las películas.

¿Te sabe a poco? También puedes escribir precuela, premiación, elegibilidad, oscarizado o protagónico.

Terminamos con ese otro Oscar, el Wilde —el que no lleva tilde porque los nombres de persona, o antropónimos, no se traducen—, que subtituló su obra La importancia de ser Ernesto como si de la misma celebración del cine se tratara, una «comedia banal para gente muy seria».

Óscar, óscar

Siempre con tilde. Cuando se refiere al premio anual, se escriben con mayúscula las palabras premio y óscar:

«Hoy son los Premios Óscar».


La palabra Óscar es invariable en plural. No se admiten las formas Óscares y Óscars:

«El director no irá a los Óscar».

Cuando se refiere a la estatuilla o a la persona que lo ha recibido, la palabra óscar se escribe con minúscula:

«La actriz olvidó el óscar en el baño».

«Walt Disney recibió siete premios Óscar en miniatura».


El plural de la palabra óscar sigue las reglas del español. Se escribe óscares, no óscars:

«Posó con sus dos óscares».

Fuentes: «Ortografía de la lengua española». RAE, «Diccionario panhispánico de dudas». RAE, «Diccionario de la lengua española». RAE, Fundéu

Un artículo de

Ana Cala

«Periodista en particular y aprendiz en general.
El periodismo es una maravillosa escuela de vida, ya lo decía Carpentier».

La voz a ti debida

Ti

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La voz a ti debida es considerada la obra cumbre de Pedro Salinas. El autor supo cómo escribir ti, sin tilde, y retratar el amor como pocos.

Heredero de la tradición amorosa de Garcilaso –el título de La voz a ti debida procede de un endecasílabo del toledano– y de Bécquer, Salinas lideró una poesía diferente, de vanguardia, en ocasiones vocativa y casi siempre aparentemente sencilla.

También se labró un currículum profesional admirable. Se doctoró con una tesis sobre ilustraciones del Quijote, publicó una versión modernizada del Cantar de mio Cid y se especializó en Proust.

Fue profesor universitario en Sevilla y en Cambridge –quizá en tierras americanas nació su animadversión por el famoso refresco de cola–. En la capital hispalense impartió clases a Cernuda y le ayudó a publicar su primer libro, Perfil del aire. Destinados a encontrarse, «fueron en su tiempo y en su lengua los dos más grandes poetas del amor».

Un intelectual que dedicó sus más hermosos versos al amor, a ese rayo que no cesa, a la realidad y al deseo. «En Salinas la inteligencia también hace el amor», que diría Cortázar.

No hace falta que seas el maestro de la poesía ni el perro del hortelano ni el amigo aprovechado. Escribir «sin ti no soy nada», «ni contigo ni sin ti» u «hoy por ti y mañana por mí» va a ser muy fácil después de leer este artículo.

Los monosílabos no llevan acento gráfico. La duda en ti puede aparecer por analogía con y . Estos dos pronombres se escriben con tilde diacrítica para diferenciarlos del adjetivo mi y la conjunción si. Pero ti únicamente es pronombre, no hay posibilidad de confusión.

Y no, no hacen falta agradecimientos. Nos sumamos al autor de Rayuela. «Lean en voz alta los poemas de Salinas (…). No sé mejor manera de pagar una larga deuda y recibir a la vez mucho más, infinitamente mucho más de lo que damos».

Ti

Pronombre personal de segunda persona. Se rige por la norma general de acentuación, los monosílabos se escriben sin tilde si no hay confusiones.
Truco : Ti únicamente es un pronombre, no hay ambivalencias
Forma que, precedida de preposición, designa a la persona a la que se dirige quien habla o escribe:

«Tienes que preocuparte más por ti y por tu voz».

Coloquial. Designa a una persona indeterminada. Usado precedido de preposición:

«Muchas veces, la solución está en ti».

Contigo

Pronombre personal derivado del pronombre ti utilizado cuando se encuentra precedido de la preposición con:

«Siempre contigo, nunca con tilde».

Hoy por ti mañana por mí

Expresión usada para manifestar la reciprocidad que puede haber en servicios o favores:

«Si escribes bien, te leeré mejor. Así que lee hoy por ti mañana por mí».

Fuentes: «Antología poética de Pedro Salinas». Cortázar, J. Alianza Editorial, «Ortografía de la lengua española». RAE, «Diccionario panhispánico de dudas». RAE, «Diccionario de la lengua española». RAE, Fundéu

Un artículo de

Ana Cala

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El periodismo es una maravillosa escuela de vida, ya lo decía Carpentier».

Adiós, Hemingway

Coma entre vocativos

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En Adiós, Hemingway, Leonardo Padura priva de su idílico retiro al detective Mario Conde para investigar un posible crimen cometido en la casa que el nobel tenía en La Habana. El escritor cubano usa el título de la novela como reivindicación de la coma entre vocativos y, de paso, la trama como excusa para saldar cuentas con el mito estadounidense.

Padura no da puntada sin hilo, aunque los 21 años que Hemingway vivió en Cuba dieron para mucho. Escribía de pie, tomaba daiquiris sin azúcar y gestó en mes y medio el borrador de uno de los relatos más bellos de la historia de la literatura, El viejo y el mar. Galardonado con el Premio Pulitzer por esta obra, el escritor afirmaría que era «lo mejor que puedo escribir durante toda mi vida».

Efectivamente, Adiós, Hemingway es una novela de ficción que se alimenta de realidad para retratar la compleja personalidad del escritor estadounidense. Padura nos presenta al Hemingway más humano, vulnerable, talentoso, amoral, leal e imperfecto a tres años de su muerte. Eso , con licencias.

Quienquiera que haya leído sobre la biografía del novelista sabrá que se ha escrito mucho, unas veces más acertadamente que otras, sobre su desmesurada personalidad. Algo similar sucede con la coma que separa los vocativos. Muchos han oído hablar de ella, pero no todos conocen la verdad.

Cuando usas palabras como hola, bienvenido, felicidades o gracias antes de un nombre, común o propio, para llamar o mencionar a alguien, debes escribir una coma entre ambos términos. Puedes ver su importancia en frases como «Hemingway bebe menos» y «Hemingway, bebe menos». Afirmación frente a petición. Elemental, querido Watson.

No sucede lo mismo en otras oraciones como «Adiós a las armas» —que escribiría Hemingway—. En este caso, las armas se mencionan en tercera persona, por lo que no son vocativos y no se escriben entre comas.

Si te ha sorprendido tanto como si hubieras visto a Ava Gadner encuera, aún puedes despertar de tu estado crepuscular. Sigue leyendo y escribirás los mejores encabezamientos del mundo.

Vocativo

Palabra que se refiere al interlocutor y se emplean para llamarlo o dirigirse a él de forma explícita. Se escriben siempre entre comas. Tiene distintos usos.
Saludar:

«Adiós, Hemingway».

Llamar la atención del receptor e iniciar un diálogo:

«¿Por qué te vas, Jeanette?».

«Aquí me tienes mirándote, chica».

Pedir u ordenar:

«Sam, ¿puedes tocarla otra vez?».

Disculparse:

«Lo siento, señora».


Recuerda que en los encabezamientos de mensajes electrónicos o cartas se escriben dos puntos tras el vocativo:

«Hola, Hemingway:».


Cuando el vocativo expresa desagrado o rechazo, se emplea a veces la palabra so, y ciertas fórmulas afectivas van precedidas por mi:

«Lee el artículo, so listillo, y escribe la coma, mi tesoro».

Fuentes: «Ortografía de la lengua española». RAE, «Diccionario panhispánico de dudas». RAE, «Diccionario de la lengua española». RAE, Fundéu

Un artículo de

Ana Cala

«Periodista en particular y aprendiz en general.
El periodismo es una maravillosa escuela de vida, ya lo decía Carpentier».

Solo ante el peligro

Solo, sólo

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Un polvoriento escenario, una cámara que se aleja y un desolado Gary Cooper solo ante el peligro. La tensión que provoca esta icónica escena del wéstern es similar a la que causa la tilde en sólo.

La Ortografía de la lengua española trajo bajo el brazo en su última edición, la de 2010, lo que para muchos ha sido una batalla perdida: recomendar no tildar solo. La RAE reconoce que es un consejo y que se permite la tilde si el contexto es ambiguo. Es decir, si la palabra solo no lleva a error, tildarla es una falta de ortografía. Y he ahí la cuestión.

Acentuar gráficamente solo se ha convertido en una españolizada saudade, mezcla de nostalgia y añoranza. Álex Grijelmo escribía, en un artículo oportunamente titulado La tilde sentimental, que «quienes hemos nacido con esas tildes forzaremos cualquier argumento para defenderlas».

Aun cuando parece un tema recurrente del cuñadismo más ferviente, esta controversia va más allá. Sin ir muy lejos —a Rumanía—, Mircea Cartarescu podría haberse basado en esta controversia para escribir cualquiera de sus relatos incluidos en Nostalgia. «Lo que ha sido y no va a volver a ser jamás», que diría Cartarescu, es lo que piensan muchos expertos sobre la tilde de sólo.

Las reglas ortográficas prescribían el uso diacrítico de la tilde en el adverbio solo, para distinguirlo del adjetivo, cuando eran posibles ambas interpretaciones. Pero la RAE asegura que hay pocos casos con ambigüedad que no pueda despejar el contexto comunicativo y siempre pueden resolverse por otros medios, como el empleo de sinónimos o un cambio en el orden de palabras.

Elena Álvarez, en Sólo y la tilde de la nostalgia, reconoce que esta desavenencia ortográfica divide a la población «más que la cebolla en la tortilla» y afirma que «cualquier producción lingüística desprovista de contexto es potencialmente ambigua».

Hay libros de estilo de medios de comunicación que permiten a sus redactores y editores escribir sólo cuando se trata de un adverbio. ¿La razón? La imposibilidad en ocasiones de usar los recursos que aconseja la RAE, por ejemplo en el caso de la brevedad de los titulares.

Llámanos sentimentales. Aquí tenéis el uso de la tilde en sólo.

Sólo

Adverbio. La RAE recogía que debía llevar tilde diacrítica.
Truco : puedes sustituirlo por sus significados ‘solamente’ o ‘únicamente.’

«Gary sólo (solamente) quiere llegar a casa».

«Gary trabaja sólo (únicamente) el sábado».

Solo

Adjetivo. Nunca lleva tilde.
Truco : puedes sustituirlo por sus significados ‘en soledad’ o ‘sin compañía.’

«Gary solo (que está sin compañía) quiere llegar a casa».

«Gary trabaja solo (sin compañía) el sábado».

Fuentes: «Sólo y la tilde de la nostalgia». Elena Álvarez Mellado, «La tilde sentimental». Álex Grijelmo, «Ortografía de la lengua española». RAE, «Diccionario panhispánico de dudas». RAE, «Diccionario de la lengua española». RAE, Fundéu

Un artículo de

Ana Cala

«Periodista en particular y aprendiz en general.
El periodismo es una maravillosa escuela de vida, ya lo decía Carpentier».